Conozco algunas personas que se han mudado a otros países siguiendo a sus amores.
Personas muy distintas en todos los sentidos. Y el resultado, en general, fue casi siempre el mismo. La soledad.
Yo no podría hacerlo. Pensar en empezar de nuevo. Buscar un trabajo en otro lado, conocer gente... Pero eso lo hacemos acá también... Trabajo nuevo puede pasar, conocer gente, nuevos amigos. La diferencia ¿estará en lo obligado de la situación que se me hace tan difícil pensar en esa posibilidad?
Lo que veo es que es un esfuerzo y la expectativa es mucho mayor porque pareciera que el tiempo corre más lento. Llegan enamoradísimos, dispuestos a cualquier cosa, y al mes o dos sin tener una vida propia, todo empieza a complicarse.
Los que se van ya trabajando tienen alguna ventaja, sobre todo si el lugar al que van les gusta más allá de la presencia del otro. Hay quien se ha quedado, aún a pesar de que la pareja no funcionara.
No pienso en un adolescente que dice estoy enamorado y se va sin importar nada. Pienso en adultos que cavilan al respecto. No es sólo lo económico de un trabajo, es lo que ocupa y genera el laburo. La actividad, el tener la cabeza en algo más que la pareja, el día a día con otra gente, hasta la puteada de un jefe que genera un tema de conversación.
Vida propia, independencia económica. No perdernos en el otro. Ni de adulto parece tarea fácil.

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