martes, 8 de abril de 2014

Hay un peso pesado en ser mujer y llegar a los 40. Ninguna novedad ¿no?.
Lo novedoso - al menos para mí - es que a muchas mujeres nos empieza a pesar recién cumplidos los 30. Y no hablo del cambio de década.

Estar en pareja es casi una confusión
Empezamos a plantear la idea de los hijos, que todavía somos jóvenes, que dentro de unos años la energía para estar despiertos y jugando no será la misma, que ahora el cuerpo todavía responde y que más adelante el embarazo es más riesgoso, etc, etc, etc.
¿Cuántas mujeres se casaron o juntaron con quien tenían adelante sólo para tener un hijo? Algunas  incluso buscando cuál sería el mejor candidato para la manutención.
¿Cuántas mintieron el uso de pastillas, diu etc? ah, no! eso es de las novelas...
¿Cuántas parejas se separan antes de que sus hijos cumplan los 3 años?
o el caso opuesto ¿cuántas que vuelven a buscar un hijo como recurso para sostener el matrimonio? 
Nunca de manera consciente ni explícita. 

Estar solas es casi una condena.
Empezamos a pensar que no vamos a tener hijos y la sola posibilidad de pensarlo nos desespera como si tener hijos fuese lo único importante en el mundo, el único modo de desarrollarse en la vida. Hacemos la cuenta de cuántos años tenemos para conocer un chabón, estar de novias, casarnos y quedar embarazadas... algunas pensamos en la inseminación artificial otras en congelar óvulos para cuando aparezca EL tipo. Una locura.

Más lejos aún, de tanto pensar en la idea de la familia, terminamos planteándonos la soledad que nos espera en la vejez. Como si la única posibilidad fuera casarse y tener hijos para el final.
¿Es el miedo a esa soledad lo que nos mueve a la desesperación? Los maridos e incluso los hijos pueden no estar en nuestra vejez, por el motivo que fuese.
¿Los amigos? Quizás estén. Si el problema es de generaciones, busquemos amigos más jóvenes, con mejor salud para que puedan ayudarnos, no con la culpa de un hijo desde ya!
Y si no, hay unos lindos geriátricos en los que, hasta podríamos encontrar a ese príncipe que tanto buscamos. Claro que con un destino distinto que el de tener hijos.

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